Hoy veo como posibilidades aquello que veía como obstáculos
Me revuelvo entre las sábanas, no ha sonado aún la alarma, de modo que me incorporo para vislumbrar la hora. Las 7.30 am. Aún es pronto para levantarse, pero extrañamente no tengo sueño. Preparo mi desayuno, algo simple, un té y unas tostadas. Y como siempre, me siento en el sofá, frente al ordenador.
El salón tiene hoy un tinte distinto, el sabor de las tostadas tampoco es el mismo, y el té recién hecho no quema la garganta cuando lo bebo. Qué extraño.
Intento recordar lo que soñé anoche, busco por los recobecos más profundos de mi memoria, pero nada. No recuerdo nada. Sin embargo, me gusta este día, me gusta el nuevo sentir de este salón, me gusta la ligera brisa que se cuela entre las rendijas de mi ventana, el sonido del tráfico por la mañana. Me gusta.
Despertar tiene bastantes acepciones, podemos referirnos al momento en el que algo o alguien se despierta, al inicio o el desarrollo de alguna actividad, a la interrupción del sueño, traer a la memoria una cosa olvidada, experimentar una sensación... Y puede que muchas más, pero hoy no me refiero a ninguna de ellas.
Me refiero al despertar de la consciencia, a que, intentemos ver más allá de nuestros ojos para poder atisbar una nueva realidad, una realidad más sencilla y, al mismo tiempo, más compleja.
Salgamos hoy a la calle sin música, sin teléfonos, sin haber visto la televisión, siquiera sin haber encendido el ordenador (aunque quizá ya sea tarde). Dibujemos nuestra realidad a través de nuestros propios ojos, no mediante la visión de otras personas.
El mundo es un lugar maravilloso y aún no lo sabemos.
SoloQuedan9

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