Imparables somos, pero inconscientes también.
Entendemos los escudos, como defensa o protección.
Entendemos y definimos, calificamos y procesamos, interpretamos y deducimos, vivimos y aparentamos.
Entre la espada y la pared una vez más me hallo, esperando un temblor inesperado para poder escapar, un vestigio de luz por donde poderme deslizar, una vez más, estoy atrapado.
Los sueños y la realidad son hoy la espada y la pared que me retienen aquí, esperando una señal. Dilemas inocentes que acaban perdiendo su sentido, procesos inexplicables, sentimientos desatados, gotas de indiferencia...
Es tan delgada, y a la vez tan grande la línea que separa a estas dos variables tan enigmáticas... Ojalá pudiera afirmar con certeza que existen, o que al menos, tienen sentido. Pero no es así, nada es completamente cierto.
Mi filosofía es simple, y es que todo
sucede por una razón. De igual manera que es inevitable
respirar mientras funciona nuestro
cerebro y nuestro corazón nos pide aire, el mundo espera de nosotros algo, e insistentemente nos lo
pide. En este planeta, en esta época, en este tiempo e incluso en este momento, no somos capaces de
verlo, pero si abriéramos los ojos, si por casualidad, observásemos a nuestro alrededor,
veríamos la respuesta.
Una vez más nos encontramos en ese punto en el que no logramos avanzar, en el que no conseguimos mejorar, y en gran medida se debe a las barreras que nosotros mismos construimos. ¿Y qué sentido tiene hacerlo? ¿Para qué dificultar aún más nuestro desarrollo?
Lo cierto es que esas barreras son fácilmente franqueables, y la receta es más bien sencilla; una pizca de determinación mezclada con un poco de consciencia.
Entonces... ¿Por qué siendo tan sencillo no las superamos?
La respuesta es obvia; no queremos. Cada día que pasa se nos presentan nuevas oportunidades y experiencias que rechazamos, simplemente por refugiarnos en la seguridad y comodidad que realmente no tenemos.
Yo ya he dejado atrás mis barreras, ¿Y tú? ¿A qué esperas?
Solo quedan 9.
